jueves, 25 de julio de 2013

La vida que no es nuestra

Es curioso como la vida nos está vistiendo para que nos casemos con alguien más, para que le digamos 'sí, quiero' a otra persona. De la misma manera nos va a meter en la cama de otra persona, haciéndonos gemir un nombre que no nos causa placer y va a insistir hasta que tengamos hijos que no serán los nuestros. A los que le pongamos nombres que no son los que queríamos y sobre los que tanto nos costó ponernos de acuerdo. Tendremos trabajos de los que no hablaremos en cenas que no comeremos. Nos vamos a ir haciendo viejos muy despacito, cumpliendo sueños que no soñamos. Vamos a tener nietos que no tendrán nada que ver con nosotros y que nada saben sobre nosotros. Vamos a llorar la muerte de un amante que no conocíamos y finalmente vamos a morir nosotros también. Y así se nos va a ir la vida en vidas que no son las nuestras. Hasta siempre mi sol, nos vemos en la vida que viene, con algo de suerte y es la nuestra.

Jardines de malvones de 1990 -

Mi vecina María es una mujer grande, una abuela, a la que todos en el barrio conocemos porque su jardín es hermoso y colorido. Esta lleno de plantas vibrantes pero ya no ha malvones. Mis vecinas de al lado eran tres hermanas, también abuelas y ya difuntas, también tenían un jardín grande lleno de malvones, flores del pájaro, rosales y un jazmín. Nací y me crié en los '90, y los noventa estaban llenos de malvones, ahora no los veos, no sé donde están. Mi mamá nunca fue buena para la jardinería, nunca pudo cuidar más que un potus, en casa no había malvones. Parece una estupidez, pero los malvones son importantes, porque el dos mil se llevó todo de mi, los malvones, mi infancia y a mi abuelo. Hoy no veo malvones, no tengo a mi abuelo y tampoco soy una nena. 

Hay gente que dice que cada persona es una isla, como Bon Jovi, otros que dicen que la vida de cada uno es un jardín. Siempre fui amante de las rosas, todavía lo soy, pero los malvones son muy importantes, no lo puedo evitar, como si representaran lo que perdí, lo que voy perdiendo. En mi jardín tampoco hay malvones, hay rosas, jazmines, fresias, tengo belladonas, alegrías del hogar, azaleas, hay colores y esplendor en mi jardín y también hay un espacio vacío donde antes, supongo, había malvones. Y así como los malvones se fueron yo misma hice que los demás también se fueran, me quedé sola en mi jardín, trabajando para algo que jamás funcionaría, abrazando una ropita muy chiquita que no va a ser para nadie. Están quienes dicen que es en el jardín donde una persona esconde sus miserias, y creo firmemente en ello, ¿por qué no esconder el horror tras algo hermoso? La belleza de mi jardín esconde el dolor que solo conocen las raíces donde está enterrado todo lo que no pudo ser. 

Las raíces de mi jardín retienen entre sus brazos y se alimentan de todo eso que me prometieron, de las veces que me engañaron, de ese 'juntos por siempre'. Y se fortalece. Mi jardín se hace más fuerte comiendo de la basura, sobre esas ruinas de recuerdos rotos se levantará mi nuevo imperio para dejar al fénix volver a volar, hermoso, colorido, lleno de esplendor, como mi jardín, incluso si no hay malvones de 1990 en él.