domingo, 29 de agosto de 2010

Lágrimas negras para despedirte.

Uno siempre escucha la frase "con el tiempo te vas a acostumbrar" bien, es mentira. Porque (al menos en mi caso particular) siempre duele. Es más, creo que con cada lágrima negra que se me cae cada vez que él tiene que irse me duele más de lo que me dolió la última vez. Y eso, damas y caballeros se llama querer a alguien. Y nunca fue mi intención, yo estaba bien como estaba. Ya tenía el año planeado de enero a enero. Y entonces cambiaron todos mis planes de enero a enero, y para que negarlo... Estoy mejor. Vuelvo a lo mismo de hace dos minutos, duele verlo irse. Duele como la mierda tener que aguantarse las ganas de verlo un jueves y dormir juntos. Pero vale la pena esperar, vale la pena que el delineador se corra un poco de su lugar en cada despedida porque sé que tras ella hay una promesa de volver a vernos, de reírnos juntos, de hacer el amor. A veces los días se suceden con más rapidez, otros con una lentitud desesperante que hace que se te consuma hasta el último nervo. Para esos casos no hay amigas que alcancen ni chocolate que llene. Lo aseguro.

Son cosas que pasan, uno elige así. Con todos los defectos y virtudes que hay en el combo. Sino simplemente se acerca al libro de quejas y pide el cambio. Yo no puedo. Yo no quiero. Sé que no me satisfacería en absoluto el centro de atención al cliente. A mi me gusta el haberlo elegido, me mata que se vaya pero no cambiaría por nada cada una de nuestras bienvenidas. Definitivamente, es de no creer esto de querer a alguien.





Gracias.

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